lunes, 2 de agosto de 2010

En el bolsillo de Salvador

Hallaste unas monedas, de sólo dos caras. Redonditas, sin ninguna imperfección, súponte qué están algo sucias. Restaba gastarselas. Comprar los bienes de un nuevo pantalón, o hacer juegos de azar: echar los volados, o dejarlas reposar bajo tierra para que nadie las hallase. Tocamos ese tema algunos días y nuestra conversación se volvía cada vez más grosera. Nos hicimos viejos, del cielo tenía que llegar una idea: a nuestras inocentes cabezas enormes, a nuestras manos de grandes, a nuestras bobadas de niños. Faltaba eso, pobre cálculo que muchos no saben hacer. Me explico; dejamos las monedas en el sótano de nuestras bocas. Compramos chicles. El lector no se confunde, hablabamos de las mismas monedas, una explicación de un pasatiempo. Ningún transfondo, súponte que después de muchos años no me gusten los chicles, a la otra cara de la moneda: ¿Preguntarle a Chava?.

Espinosa Zaragoza Mario Alberto

No hay comentarios:

Publicar un comentario