martes, 19 de octubre de 2010

Programar la intuición de la ira.

El exoesqueleto, la posibilidad de la defensa corporal. Tavares se arranca los pelos, entonces lo observan ojos desde la derecha. La oportunidad de la defensa corporativa, casi de manos de burocracia. Se comunica la noticia, se periodiza la posibilidad de hacer la guerra. Dos tres siglos de distancia, o de inmediato el paraguas que no sirve para cubrirse de algo que explota. Primero que nada se tiene que diseñar algo para no fragmentar el cuerpo. La armadura, cubre dentro de aleación metálica, fuerte a la madera del hueso. Una bala que toca la punta del arma, el perdedor dura años pensando en la derrota. No hay necesidad de decir que no se tiene alas, porque los planeadores aparecieron con antelación de la perdida del cielo. Siempre se sigue que los aplausos y los cánticos van para el jefe. Tavares marcha bien, marchan bien las hormigas. Dúctiles, un rizoma instalado en la profundidad del primer paso del guerrero. Es cosa diminuta, ver al insecto, con la lupa que parte y estorba la descripción preliminar del ojo. Una organización de-sedentarismo-descendiente-asciende-organigrama, la parte en que la necesidad hace línea perpendicular con la especificidad. Tavares hace del techo lo más próximo, hace del cabello la exo-explosión del endo-carburador. El cerebro que reviste la sinapsis, pero una sinapsis de aquéllas. El primer fotomontaje, al ver la cara, el gesto: un ejército protegiendo su primer bandera. Ahora simboliza también, ahora se queda calvo, ahora la memoria viene con etiqueta de contingente. En definitiva la intensidad crece, nunca pudo estar visto rabioso como perro. Tavares-es como avatar-es.

Espinosa Zaragoza Mario Alberto

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