La plasticidad lleva la razón afuera de sus bordes, humo ligero hace progresar una escenografía rústica, incluso antibiótica. La geografía participa de la Naturaleza, un relieve de sobresaltos carnales, óseo-estructural de puntas cartilaginosas. Las extremidades de un cuerpo expresan una documentación de los roces, donde chocan dos variables vertebrados. Carne-hueso de estados emocionales, el soldadito supera la anatomía de la reiteración: mata de una sola vez a todos los hombres, una historicidad del arma de fuego que integra elementos antinómicos del crimen. La mano como testimonio de una hiperconducción al secreto, descubierta y subversiva con relación al militar, condiciones dérmicas de microfascismos, moderación de la composición superficial de la imagen. La interpretación siempre empieza en el análisis de las posiciones, una recuperación de los contornos para hacer texto las identidades, sus dobles, sus modalidades. Autor que reduce a su personaje a la estaticidad, metempsicosis practicada del dedo a la base plana del soldado, el silencio es integrado como acaecimiento universal de la imagen, mutación de la orografía que en un principio asumía dos sistemas autónomos: la mano / el soldadito. Último armado que representa la superación de la muerte vana, viveza y altivez, materia de primera mano del autor a su Otro en la foto.
Danté Manzana
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