La Sociedad de Alcohólicos Anónimos reúne a cientos de sujetos x, se conocen, y luego, después de respirar el aire callejero, aparecen en la cochera de Mario Alberto. Entre perogrulladas, varias, consiguen que asienta con la cabeza. A unos de ellos les ofrezco whisky, otros se niegan al vino, hay alguno que me ha tirado un caballito de tequila. Por regla general la cerveza los obliga a dar el sí, con la sonrisa maliciosa del adicto.
Los graduados y yo, es un juego clásico del edificio de la esquina, en relación con la cochera personal. Soy el examen alcoholizado de todas las personas que recuperan su nombre al dejar el etanol. Mi risa burlesca, estruendosa y continúa les abulta los oídos, terminan con actitud del nervioso. Necesitan unos grados en alcohol.
A 4 casas tengo un centro de rehabilitación para drogadictos.
Espinosa Zaragoza Mario Alberto.
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