sábado, 4 de septiembre de 2010

Lluvia-Araña-Voz.

Expresiones de urbanidad al sufrir el diminutivo: los cánticos: un probable acercamiento a las intuiciones del pasado. El niño se vuelve a cantar con melodía, el escucha interpreta como un simple canto popular; desde el grupo: una petición, sin embargo, un descubrimiento de la escena, de la representación de la miseria arácnida.

Huitzi, Huitzi, araña, eso que puede evocarse a una actividad itinerante de una persona de edad media. La expresión asombrosa del lenguaje somático, volcada la alegría incluso hasta lo más profundo de la sonrisa del niño, luego sus manos y sólo así la contemplación de un acto sin contradicción de épocas: porque la telaraña debe caer, la araña no es esa cosa, a pesar de que es el radical de la yuxtaposición; puesto que su figura se marchita, es decir, cae con las gotas.

Los rituales: las danzas y otras expresiones artísticas que plagaban las eras prehispánicas señalan una semejanza entre la lluvia y sus pasos, de forma análoga. El anciano siempre luce contemplativo, a pesar de que el hombre tenga una esperanza de vida al nacer desfigurada con el paso de los siglos. La llegada de los españoles trae consigo la educación asignada como institución esencial; de lo anglo nos hemos llenado de kinders, además, de otras cosas. Diremos que se discute el salto de los pies a la garganta, ese puente azul que lleva la mercancía dentro de barcos, cómo un delirio de Verne. Ahora todo el occidente se presenta en las ansías de un niño, que analiza la ventana: lo que ahí fuera de ella; luego entonces, sale el sol, se seca la lluvia. Se sabe que sus manos jugaron con tierra, vibraron nerviosas al aire y señalaron sin pudor alguno: el primer sustantivo, luego el verbo: valoración de fenómeno y objeto.

Espinosa Zaragoza Mario Alberto

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