jueves, 14 de julio de 2011

La fatalidad de un mosquito; apuntes exolectorísticos

"Nacer es seguir concienzudamente la trayectoría del propio cuerpo"
Opeyemi

Mosco, se pasea, zumba, como nunca me han hablado al oído, me han dicho, lo que le dice un día libre al libro: discreción, con los ojos acarrerados de un lado para otro me he arrepentido de no ser/ zumbido. Las jornadas laborales de los mosquitos son eternas, con relación a su vida, multiplicados bichos, las alas y las patitas, lo mismo diera que me durmiera; en el sueño del parpadeo: por segundo de mirada de hoja. Aterrizar es un verbo en locución pendiente, porque toda zona nueva donde llego extranjero me pongo silencioso, apielinizar mejor sería, abrazar quizá, si todo dependiera de la desconfianza de eso comparado al beso, piquete, yo tan ingenuo me he enterado por mi pierna tan despreocupada y enamorada de la cama. Un asesinato afirmaría la calidad de mi sangre para ser descrita en parágrafos de manual para homúnculos mortíferos controlando la cabeza a punto de explotar, así sabe el mosquito que su pico penetra el cuerpo del delito, sí, además no hay armas, ni implicados más, he dedo que señala vuelta a mi página, tanto tiempo y no hay solución de llegar al siguiente punto/ zumbido. He tomado la decisión de aplastar, a condición de no ensuciarme las manos, porque la transitoriedad de los actos, a veces, puede anunciar una venganza; tanto se ha expresado, no entendemos las maneras, ni aunque guarde la hoja segundos antes de ponerle el separador. Así suena el amor, pegados en vuelo, distraídos tanto más inatrapables. He dejado los homicidios, hacia el genocidio, en su llamada de cada ciertos segundos me piden perdón, me insultan, suponen el cierre último de mi libro, mivistaatraviesaloscuerposrepletosdeluz, así siente la pierna al ser labrada por las uñas, mosquito granjero. El principio de la fatalidad fue un agricultor envidioso, materialmente se volvió sangre.

Danté Manzana

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