No hay palabra que inspire más el momento en que yo escribo; que la palabra soledad. Evidentemente cada vez que redacto en un cuaderno, lo hago sin la participación de ninguno. No significa que no necesite a nadie para expresar las ideas, la inspiración siempre requiere de algo o de alguien; sin embargo, a la hora de escribir no hay nada que personifique más el instante que el aislamiento.
Es raro escuchar en el entorno palabras como solipsismo o singularidad, cuyo significado coincide en el valor dado al sujeto: a lo que piense y haga. Opino que se han dejado de usar estas palabras, por la constante acción inversa a estas ideas, el sobreponer el valor de lo que piensen y hagan los otros. Si bien es importante la trascendencia frente a los demás, siendo una necesidad inexorable como sujeto, primero es esencial saber expresarse individualmente.
Frente a la inevitable situación del vertiginoso crecimiento social, ocasionalmente dedico un periodo al estado del que hablo. No necesariamente lo entiendo como un elogio a la pretensión de no necesitar de nadie o como una garantía de que el hermetismo me hará brillante. Pero si el silencio hace a la serenidad, y la soledad la mayoría de las veces provoca el silencio. Entonces gustoso aprovecho la expresión silenciosa. La capacidad de escribir.
En el habla también existen los silencios; esas pausas que hacemos para permitir la reflexión del receptor o simplemente por la vital necesidad de darnos un respiro. Ahora bien, el ausentarnos de las voces ajenas y a su vez de la propia, que tenemos al alcance cuando escribimos es incomparable, por eso es que de esta forma los pensamientos se complementan, extienden y clarifican entre intervalos y tachones. No olvidemos que para escribir sólo hace falta una idea.
Es raro escuchar en el entorno palabras como solipsismo o singularidad, cuyo significado coincide en el valor dado al sujeto: a lo que piense y haga. Opino que se han dejado de usar estas palabras, por la constante acción inversa a estas ideas, el sobreponer el valor de lo que piensen y hagan los otros. Si bien es importante la trascendencia frente a los demás, siendo una necesidad inexorable como sujeto, primero es esencial saber expresarse individualmente.
Frente a la inevitable situación del vertiginoso crecimiento social, ocasionalmente dedico un periodo al estado del que hablo. No necesariamente lo entiendo como un elogio a la pretensión de no necesitar de nadie o como una garantía de que el hermetismo me hará brillante. Pero si el silencio hace a la serenidad, y la soledad la mayoría de las veces provoca el silencio. Entonces gustoso aprovecho la expresión silenciosa. La capacidad de escribir.
En el habla también existen los silencios; esas pausas que hacemos para permitir la reflexión del receptor o simplemente por la vital necesidad de darnos un respiro. Ahora bien, el ausentarnos de las voces ajenas y a su vez de la propia, que tenemos al alcance cuando escribimos es incomparable, por eso es que de esta forma los pensamientos se complementan, extienden y clarifican entre intervalos y tachones. No olvidemos que para escribir sólo hace falta una idea.
Espinosa Zaragoza Mario.
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