"La nada, Carmen tiene razón, si existe. Somos ella y yo en esta ciudad, juntos, atados porque carecemos de todo; nos falta aire y luz, arcoiris, alegría. Porque estamos hechos de polvo, de humo gris, de rabia silenciosa que desaparece. Nada."
Manera insólita de sobrevivir-Cristina Rivera Garza.
...Don Nadie y Nada, habían decidido estar juntos. En su enmudecida historia, el silencio era absoluto, y a su vez ninguno sabía algo del otro.
Por eso mantenían una tranquila relación; sin embargo se sentían vacíos. Nada no podía ver y por su parte Don Nadie parecía nunca estar.
Soledad, compañera de Nada —con quién mantenía contacto por lo general—, le reclamaba por la ausencia de Don Nadie. Ella, Soledad, era experta en hablar consigo misma para dar solución a los problemas, pero al dirigirse a Nada; era como si sus palabras se alejarán, sin recibir respuesta, ó —como ella lo suponía, porque le gustaba bastante pensar— Nada carecía de oídos.
Por otra parte, de Don Nadie se hablaba demasiado, pero ¿Acaso alguién podía verle?. Parecía entonces que Don Nadie es sólo imaginación. Solo, era el único adjetivo que respondían jóvenes y viejos al preguntarles por una seña que lo hiciere identificable.
Incluso, hasta estos días me cuestiono, y pienso que dentro de esa nulidad indescriptible para nosotros, alguna vez observaremos algun abrazo, un cariño —o sí lo permitiesen—, una platica entre Nada y Don Nadie.
No es difícil pensar que Nada, de la que tanto hablan los que mucho saben, y Don Nadie, que citan el mismo número de veces la gente en las calles; puedan compartir lo mucho que saben del ambiente al que parecen pertenecer.
Pero todo ello inexiste; lo que yo imagine sobre esos dos, por supuesto. Hay infinitas probabilidades de todo lo que pudieran pasar juntos.
"...Don Nadie imaginó que Nada era oscura..."
"...Nada y Don Nadie habían decidido estar juntos..."
"...Nada destrozo a Don Nadie..."
"...En ausencia de Don Nadie; Nada decidió..."
"...Se quedaron sin palabras, aquellos dos, mientras que..."
No hay años, ni segundos; ni siglos, ni minutos; ni milenios, ni horas en punto para ellos. Si no hay camára que los retrate, ni micrófono que los grabe; no creo que halla reloj que los mida. Por lo tanto, pareciese que el tiempo, no es quién les escribe.
Espinosa Zaragoza Mario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario